Poemas, libros y algo más: De prólogos y contratapas

Poemas, libros y algo más: De prólogos y contratapas

Un poco más acerca de Servicio meteorológico

 

por Alba Murúa

 

 

Siempre que pregunto a mis alumnos cómo se orientan para comprar un libro físico del que no saben mucho, me hablan de la contratapa. Creo que estaremos de acuerdo la mayoría de los lectores, sobre todo quienes hemos pasado muchas horas revolviendo libros en magnánimas bateas ofrecidas por algunas librerías o en ferias de libros más o menos prestigiosas. Después de la tapa, ha de ser la contratapa lo que más miramos, sobre todo si en ella se encuentra la foto del autor, o algún fragmento, reseña, o una opinión acerca del libro que tenemos en mano. Algunas nos dejan insatisfechos o con ganas de más. Es el momento en que abrimos el libro, ansiosos por saber más de sus misterios. Ahora bien, cuando somos nosotros quienes escribimos, la contratapa nos causa inquietud: ¿qué encontrarán allí quienes se interesen en nuestro libro? ¿Podemos elegirlo y acertar? En mi caso, tuve mucha suerte. Le pedí al poeta y filósofo Andrés Kischner* que la escribiese, y él no dudó en hacerlo. Conozco a Andrés hace algunos años, aunque no nos hemos visto personalmente más de tres veces. El correo electrónico nos mantiene en contacto. Sé de su profunda labor poética y me encanta lo que escribe; además es una persona cálida y generosísima. Sin embargo, cuando leí lo que escribió para mi contratapa, quedé asombrada y agradecida. Vio algo que no vi pero que me habita. Un lujo de contratapa, en fin.

En cuanto a prólogos, les digo la verdad: desde hace años, casi no los leo, aunque los escribo. Cuando era joven lo hacía religiosamente, pero con el paso del tiempo, he preferido que predomine mi criterio para calificar un libro. Muchas veces -eso sí- los leo al final, para ver qué más me aportan o encontrar puntos de coincidencia. En otros casos, los leo porque son lúdicos (los de Elsa Borneman para su serie Socorro, un deleite; así como el de Orwell a su Rebelión en la granja,  o porque quien los firma me inspira respeto: tal el caso del prólogo de Borges a la primera traducción de Crónicas marcianas de Bradbury editada en nuestro país,

Ahora bien, yo se lo pedí a mi editora y tuve la dicha de que aceptara hacerlo. La primera noticia que tuve del mismo fue mediante un audio, en el que la propia María Belén lo leía (ya de por sí es hermoso escucharla*). Es un prólogo generoso y magníficamente escrito; desde ya los conmino a que no se lo pierdan.

Y ya que tuvieron la amabilidad de llegar hasta aquí, les dejo una pequeña muestra:

 

…La poeta Alba Murúa contempla el cielo, y al hacerlo crea no pronósticos sino oráculos de perpeplejidad, ternura y zozobra; extrañamiento ante lo bello, pero también ante lo ominoso. Ante la epifanía. Acaso la esperanza sea el nombre en que se cifran, en gradientes sutiles, el porvenir inmediato de nuestra existencia y el presente como un obsequio perecedero…

María Belén Aguirre

Atardecer sobre el mar, provincia de Buenos Aires.

 

*Les dejo el enlace al estupendo blog de Andrés Kischner:

http://taller-filosofia.blogspot.com/

 

*Uno de los videos, con un poema y voz de María Belén Aguirre, parte de un proyecto y canal de Youtube que fundó junto a Andrés Kischner: la Poemateca del Cine ABC.

https://www.youtube.com/watch?v=pxIgXxiwVVQ&list=PLzUXJx8Z_zf6gT_SlxW7ZklzHTaZmT46U&index=3

 

Más acerca de Servicio meterológico:

https://albamurua.com/2022/06/20/de-las-consecuencias-inesperadas-de-mirar-largamente-el-cielo-y-consultar-el-pronostico-del-clima/

 

 

 

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Qué planetas se alinearon para que Ediciones de la Eterna me concediera la gracia de que “Servicio meteorológico” se concretara de su mano

Qué planetas se alinearon para que Ediciones de la Eterna me concediera la gracia de que Servicio meteorológico se concretara de su mano

 

Por Alba Murúa

 

 

Conocí la obra de María Belén Aguirre, fundadora de Ediciones de la Eterna*, hace ya algún tiempo.

La admiración por su trabajo y las frecuentes charlas online, me llevaron a ir a escucharla en vivo. Fue en el ciclo de Pablo Queralt en la Biblioteca Popular de San Isidro;  allí también escuché a otro gran poeta, Jotaele Andrade: por aquellos tiempos ambos eran parte de un grupo de gran presencia poética que se plasmó en un libro artesanal hermoso: Los sobrinos bastardos de Arlt.

Luego, asistí a algunas de sus presentaciones. Recuerdo en especial la de Balumba (Para una ética del caos), uno de los libros de la colección “El carterista de Bresson” que pude traer a mi biblioteca. Aquella colección albergó títulos de otros tantos poetas exquisitos por lo que, ante la invitación de María Belén a integrarla con algo de mi poesía, dudé y dilaté la decisión de aceptar. Recuerdo que me dijo algo así (parafraseo, ya que seguro que lo de ella fue más bello):

“El tiempo es ahora, pasa velozmente y no sabemos cuándo nos dará otra oportunidad.”

Sin embargo, lo dejé pasar; y me arrepentí, por supuesto.

Tiempo después, María Belén dejaría las redes casi por completo y nuestra conversación se espaciaría. Sin embargo, en el transcurso de los años, se ha reanudado una y otra vez. Mucha de esa interacción contó con la mediación del también muy querido poeta Andrés Kischner.

Así llegamos a 2020, cuando ella ganó el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes por su obra Siamesas. El intercambio de mails volvió a ser frecuente y un día me preguntó si estaba escribiendo;  me contó que tenía el proyecto de una nueva colección -esta vez de libros electrónicos- y me invitó a ser parte. En esta ocasión, accedí con alegría a enviarle un poemario creado durante el transcurso de la pandemia.

Después, debido a que MB en estos últimos meses ha publicado varios libros cuya edición física tenía pendiente, los tiempos se dilataron. Así fue que un día pude asistir a una nueva (y maravillosa) presentación de otra de sus obras (Pater dixit) en la Biblioteca Nacional. Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que nacía bajo el sello de Ediciones de la Eterna, cuyos títulos en papel se habían discontinuado.

Así que aquello tan largamente postergado surgió con fuerza (además porque los primeros lectores de mi trabajo me habían dicho que aquel se merecía una edición en papel). Me animé a manifestar en voz alta aquel deseo y se hizo realidad. Con gran entusiasmo, María Belén se dispuso a la tarea, así que Servicio meteorológico está en camino y será presentado por primera vez el lunes 8 de agosto de 2022 a las 19 hs. en la Sala David Viñas del Museo del Libro y de la Lengua «Horacio González»,  Avda. Gral. Las Heras 2555, Buenos Aires.

En suma, amigos, aunque suene muy trillado, la vida (a veces) te da revancha, así que vale la pena manifestar en voz alta nuestros sueños.

Ojalá ustedes puedan concretar  los suyos y, también, acompañarme en la presentación de este poemario que ya me está dando tantas alegrías.

Bien, dirán ustedes, mucha historia pero, ¿y la poesía?

He aquí la respuesta; aunque no pertenece al poemario, les dejo este breve poema que podría ser parte del mismo:

 

 

Invierno.

Ahora podemos

ver los pájaros

sobre el fresno

desnudo.

 

Así los enigmas

se revelarán

cuando la niebla disipe

el sueño en que vivimos.

 

Alba Murúa

 

 

 

*Ediciones de la Eterna es el sello editorial de la poeta, editora y gestora cultural María Belén Aguirre.

Para consultas, pueden contactarla directamente mediante su Instagram: @mariabelenaguirre11

 

Más de María Belén Aguirre:

 

 

https://albamurua.com/2019/09/14/maria-belen-aguirre-generosidad-exquisitez-y-talento/

https://devenir111.com/belen-aguirre/

https://laprimeravertebra.com/siamesas-de-maria-belen-aguirre-por-alba-murua/

 

 

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Más poesía: acerca de La urdimbre del miedo de Aníbal Costilla

Portada del libro.

Más poesía: acerca de La urdimbre del miedo de Aníbal Costilla

 

por Alba Murúa

 

 

La poesía de Aníbal Costilla en este hermoso poemario es de imágenes ricas y metáforas para detenerse, poesía para descubrir y redescubrir, poesía que consuela el cansado corazón después de tanta declamación o superficialidad.

 

Todo está vivo en sus versos, inclusive el miedo y la disolución. Pero esa vitalidad conmovedora se concentra en especial en las huellas de la Naturaleza, de su pueblo y de su río (que nos presenta en una de las dedicatorias).

 

La personificación entonces, recurso animista,  es una constante:

… el viento que todo lo suelta. /Tuvo manos de obrero…

 

Hay mucho sol, viento, aridez, sed, siestas y espejismos. Y hay duendes, claro:

…un duende de hojas secas le muestra su diente de oro a la mujer que pace la majada.

 

Están los que sufren, los que intentan alejar la pobreza; y están también los alienados:

 

… como perros de dientes mellados/ por la comodidad y la obediencia.

 

Hay dolor y amor. Y momentos luminosos y tristes, como el poema XVI:

 

… era la Madre, vientito de luz, /el sueño que cubría nuestros ojos.



Hay nostalgias de infancia y de seres que ahora son fantasmas.  Y también ternuras y primaveras.

… subo al atardecer de tu nombre…

 

Y, además del miedo que ronda, un deseo de lluvias casi constante.

 

Pero sobre todo, estos poemas son un fuego que arde sin agotarse.

 

 

 

XXVII

 

No se pueden afilar las tijeras del miedo,

no se puede morder el rencor que se esconde en las valijas,

no se puede herir a la serpiente que sostiene la antorcha

en lo alto de los barcos, está prohibida

la insurgencia sin oros,

no se pueden descartar los hechizos

que no dieron resultados,

cómo se hace para decirle a la lengua

que la música se quedó sin instrumento,

cómo se hace para saborear el vino

que atrajo el festín de los caídos,

no se puede detonar la belleza

que duerme en la almohada del espanto,

no se pueden conjurar los espejos, ellos nos deforman

para hacernos más reales, más dignos de algún día de sol,

visibles para sorprender a la sombra de la llama del día,

no se puede jugar con el universo,

es un escudo de nosotros mismos.

 

XXIII

 

Yo digo el día,

como antes dije la noche,

pero son animales diferentes,

dos versiones de la misma mentira.

También digo día

y salta un pájaro, vuela desde un escondrijo de tiniebla,

y digo noche, como si aún no existiera,

como si me faltara la respiración hasta que no se mueve,

una pantera abre la boca e ilumina la pereza del camino.

 

He dibujado con tus dedos una forma de amor en la tierra,

luego soplé suavemente sobre esos trazos.

Aletea la noche, y se estremecen los animales de la luna,

quizá piensan que vamos a amarnos para siempre.

 

Con un chasquido tuyo el día abre luces,

a pesar de nuestra ceguera,

penetras por mi cuerpo, como una lluvia de la loma.

Yo te dejo ir, sabiendo que nada puedo hacer ahora,

el chumuco del deseo me zambulle en tu remanso.

 

 

 

 

 

 

XXXIII

 

Agosto suele ser un mes complicado,

difícil, cargado de sobresaltos, insufrible a veces.

Ni la ruda que amanece al lado de las camas

puede garantizar la salud para el futuro.

 

Al costado de las rutas se ve a la muerte

en los ojos de los animales que fueron atropellados,

involuntariamente, quizás, por los automovilistas.

El polvo del aire comenzará

a cubrir sus osamentas como una colcha sin remiendos.

 

La lluvia nunca llega,

y las plantas aprietan los dientes como sombras

que no consiguen explotar. La luz es el horizonte en fuga.

Sabe el polvo esperar, es un buitre que no quita el ojo.

 

Pero los niños, hijos del fuego,

necesitan los charcos llenos, mojarse los pies,

las plumas de sus ojos brillarán con el día que llega.

Pajaritos de lluvia, risas del viento que rejuvenece al mundo.

 

Agosto es un mes de cuidados.

Hay que saber elegir la huella para no errar

el destino. Es un mes de estrujar el cansancio,

ponerlo a dormir, dejar que maduren los finales.

 

Aníbal Costilla. La urdimbre del miedo. Buenos Aires: Buenos Aires Poetry, 2020.

 

 

Nació en El Mojón, Dpto. Pellegrini, Santiago del Estero, Argentina, en 1980. Es escritor y docente. Escribe poesía y cuento. Ha publicado los libros de poesías “Mojonerías” (2008), “Historia del Vacío” (2009), “El árbol de los pájaros secos” (2011), “Los días solitarios” (Subsec. de Cultura de Santiago del Estero, 2016) y “De este lado del río” (Equinoxio, 2018), “Memoria del canto” (Camelot América, 2018), Colección “2 Poemas” (Ed. Arroyo, 2018), “Dejarse llevar” (Niña Pez Ediciones, 2019), “Esto parece eterno” (Caleta Olivia, Rangún, 2019), “El paraíso podría esperar” (Camelot América, 2020), “La urdimbre del miedo” (Buenos Aires Poetry, 2020) y “Última oportunidad + 2 Poemas” (Arroyo Ediciones, 2021).  Ganó el primer premio del Concurso Anual de Poesía Inédita 2021 “Enrique Banchs” de la Fundación Argentina para la Poesía con su poemario “Las semillas”. Fue incorporado a la “Antología de Poetas Santiagueños” de Alfonso Nassif (2013). Integra la “Antología Federal de Poesía, Región Noroeste” del Consejo Federal de Inversiones (2017). Publicó textos en diferentes revistas literarias y en los diarios El Liberal y Nuevo Diario (Santiago del Estero, Argentina).

 

Más de Aníbal Costilla: 

 

*En 2020 invitamos a Aníbal Costilla a nuestro ciclo de poesía La Dicha, que coordinamos María Sueldo Müller, Elizabeth Molver y la que suscribe. María había lo había leído recomendado por -nada menos que- Jotaele Andrade.

Pueden ver aquí su participación en ese encuentro:

ñhttps://www.youtube.com/watch?v=P3JAqM6oY8U&t=212s

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De las consecuencias inesperadas de mirar largamente el cielo y consultar el pronóstico del clima

Desde una ventana en el conurbano oeste de Buenos Aires.

 

Siempre me gustó mirar el cielo. Soy de esos humanos que se han tropezado varias veces por deleitarse con las nubes tormentosas o la luna llena. Y, sin embargo, no se arrepiente. En el fondo, durante mucho tiempo, creí ser la reencarnación de una romántica del siglo XIX: adoro la lluvia,* el viento -incluso cuando las ráfagas me atemorizan- las infinitas formas de las nubes y la variación de las estaciones. Pero estos últimos años –una afección de cervicales quizás sea en parte responsable- bajé un poco la vista hacia otros amores como las cúpulas de los edificios y las copas de los árboles.

Sin embargo, llegó el año 2020 y nos cambió a todos. A mí, como a muchos, se me aceleró el paso del tiempo por un lado (creo que envejecí diez años) y, por el otro, cada hora pesaba como la enorme piedra que el suicida se ata antes de tirarse al río. Así y todo, fui una de las privilegiadas: me quedé en casa desde aquel sorprendente marzo en que comenzó el confinamiento hasta septiembre de 2021. Mi casa, ese refugio que se me destinó cuando tantos seres no tenían más remedio que afrontar la intemperie, la exposición constante, las internaciones, es un departamento de dos ambientes en la zona oeste del conurbano bonaerense. Hace unos seis años que vivo sola, así que la experiencia fue retadora. Claro que existen las redes sociales, las videollamadas y todas esas herramientas impensables durante la segunda mitad del siglo XX, cuando nací. Pero así y todo, atravesé un proceso individual y colectivo que no me atrevo a analizar por falta de coraje y de recursos.

En esos días -para no enloquecer- comencé nuevamente a mirar el cielo con detenimiento. En realidad, ya había retomado en parte esta costumbre al mudarme: vivo en el segundo piso de un edificio por primera vez en mi vida.  A eso le sumé un hábito que se acentuó para protegerme: consultar el servicio meteorológico nacional.  Y digo, para protegerme, pero no del clima, ya que salía sólo cada diez días para proveerme de lo necesario para la subsistencia. No necesitaba saber si iba a llevar paraguas u otro abrigo. Pero tenía que protegerme de la incertidumbre, de la pena, de la desolación. Consultar el pronóstico del clima, a pesar de sus vaivenes, me ofreció un marco extraño de seguridad: allí seguían las nevadas, el granizo, las neblinas.* Persistían más allá de toda pérdida. Así que, sin proponérmelo, empecé a escribir una serie de poemas.*

 

 

*En mi adolescencia, lectora voraz de Pablo Neruda, comencé, a la luz de ambos amores, una serie que titulé Oda a la lluvia. Luego de cinco o seis poemas, descubrí que era muy difícil tratar un tema tan trillado y los destruí. Hace algunos días conté esta anécdota entre compañeros y Claudia Schvartz me felicitó por ello.  Lo que no me animé a decirle entonces es que, unas cuantas décadas más tarde, me salí con la mía. Espero que al enterarse, Claudia tenga piedad de esta insistente amante de los cielos grises.

 

*Otro texto que escribí en el marco de la pandemia, Crónica de niebla, pueden leerlo en la estupenda revista virtual La Primera Vértebra:

https://laprimeravertebra.com/cronica-de-niebla-por-alba-murua/

 

*Esta serie se erigió en el poemario Servicio Meteorólogico, que se presentará el lunes 8 de agosto de 2022 a las 19 hs. en la Sala David Viñas del Museo del Libro y de la Lengua,  Avda. Gral. Las Heras 2555, Buenos Aires.

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Algunas buenas historias o de la persistencia de la narrativa

Algunas buenas historias o de la persistencia de la narrativa

 

por Alba Murúa

 

Durante las últimas semanas de 2021, me deleité con un puñado de poemarios (de Simón Esain, Marisa Godoy, Karina Lerman, Víctor López Zumelzu) que merecen una reseña aparte.

Aunque muchas lecturas quedaron a medio camino (intento no sentirme culpable, como sugirieron Borges y Pennac), les acerco en este caso algunas recomendaciones de narrativa.

En primer lugar, Alan Pauls, ese narrador que me subyuga. Tan pigliano él (y es hermoso leer acerca de sus conversaciones con Piglia en Trance), pero también tan único.

En esta ocasión, ha sido su delirante y mágica Historia del pelo. De la distancia con los que tienen una cabellera indomable, de la audacia de entrar a una nueva peluquería y, encima, vacía. Y muchas de las reflexiones en las que nos vemos reflejados quienes hemos peleado con nuestra cabellera y con los que ofician de domadores. El hilo narrativo nos lleva a desembocar en un delirio a lo Aira, con un peluquero paraguayo que resulta ser un prodigio y con el que el protagonista termina teniendo una excéntrica relación justo cuando su compañera lo abandona.

Lo siguiente es otra novela de Aira, el eterno demiurgo. Y lo comprueba aquí, en su delirante (y van) El mago.

Del tránsito por un mundo creado por completo por un mago “verdadero” -pero sin imaginación-, en el que los límites se desdibujan (y pienso en Borges, claro), en el que un congreso esquivo que transcurre en un Panamá de pesadilla no da el resultado que espera, en el que un personaje enamoradizo es enviado a la estratósfera, toda la trama es una excusa para que al fin, Aira nos cuente cómo hace para escribir tanto todo el tiempo. Para reír con ganas.

En la última novela del gran Manuel Puig, Cae la noche tropical, dos ancianas conversan del pasado, de sus achaques y pérdidas, de la vida y la muerte, mientras entretejen los hilos de lo frívolo y lo cotidiano.

En el marco del horror de la represión de las dictaduras en Brasil y Argentina en los ´70, afloran los discursos de la publicidad y la propaganda, los medios de comunicación masivos, las cartas y más, mediante esa técnica de recortes, retazos, por momentos pastiche, que Puig desarrolló con maestría.

 

Lo primero que leí de Laura Restrepo es una novela breve y luminosa, La multitud errante.

La autora nos lleva a través de los dolores de una guerra sin fin, las pérdidas y la historia de un pueblo donde el ateísmo y el sincretismo conviven sin desafiarse; donde la esperanza surge de atravesar los duelos y aferrarse a una mano generosa. Dos tramas perfectas, la narrativa cálida y comprometida de otra estupenda autora latinoamericana.
.
… En este albergue he conocido a muchos marcados por ese estigma: los que van desapareciendo a medida que buscan a sus desaparecidos. Pero ninguno tan entregado como él a la tiranía de la búsqueda.

Por último, comentaré un autor que los puristas me criticarán, pero hace tiempo que me asumí como una lectora ecléctica.

Se trata de Eduardo Sacheri y su El funcionamiento general del mundo. Probablemente, una lectura de verano. Y fue el primero de mis vacaciones durante el tórrido verano 2021-2022.

Un colegio nacional, de esos inolvidables, un viaje de revelaciones y reconciliaciones. ¿Pueden decirse los secretos largamente guardados? Se puede, responde la trama, se puede y ayuda a sanar.

Si no aman el fútbol, lo van a disfrutar igual, pero si son amantes de eso que llaman mística futbolera, lo disfrutarán el doble.  Y si en la adolescencia amaron a una profesora -como me pasó a mí- porque les alumbró el camino para siempre, no sólo van a sonreír una y otra vez, sino también a lagrimear.

Dos tramas íntimas y el marco del pasado oscuro de la última dictadura argentina y el retorno de la democracia.

Sacheri sigue conmoviendo a sus lectores con recursos genuinos y entrañables historias como esta, que no defrauda.

… Me parece que ahora lo entendí. Uno no sabe cómo funciona el mundo. Nadie. Pero cuando uno juega a algo, a algo que le gusta, parecería que sí. Como si uno encontrase la clave para entender el funcionamiento de todo.  De todo el mundo. 

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Gustavo Silva, la sonrisa del poema, el humor y el amor

Portada del libro de edición digital.

 

Gustavo Silva, la sonrisa del poema, el humor y el amor

 

Por Alba Murúa

 

 

Estuve leyendo el nuevo libro de Gustavo Silva, Una mujer roja y un silbido a lo lejos.

Y encuentro plenamente al poeta entrañable en estos versos: cierta melancolía tanguera que sobrevuela mucho de su poética (por ejemplo, en Milonga Triste o blues de la isla Maciel), el humor más abierto o más sutil, las ironías. Como me dijo una vez el autor, se divierte al pergeñar poemas, pero también asombra con inesperadas imágenes y metáforas de profusa inspiración. Y en cuanto a temáticas, encontramos denuncias, homenajes, las pérdidas y, por supuesto, el amor,  siempre el amor.

 

Les dejo unas palabras que escribí para el libro que editó el año pasado,   y les cuento que pueden conseguir gratuitamente ambos poemarios en su formato electrónico. Sólo tienen que ponerse en contacto con Gustavo mediante su cuenta de Facebook.

El autor con una de sus obras.

 

Un canto singular, la dulce faena de una voz melancólica

 

Vestigios, resquicios y desquicios de una historia nos pone desde su título en una disyuntiva propia del poeta que nos convoca: la resolución dionisíaca, la burla más o menos sutil, la melancolía desafiada por floridos versos.

En esta nueva obra, Gustavo Silva, retoma varios de sus motivos líricos: el pasado, la nostalgia, el amor.

El poeta observa a su alrededor y no encuentra nada que no pueda incluir en su creación, desde la fina ironía hasta el humor más abierto.

Pero si observamos un poco más, hay también un desasosiego del desencuentro, de los frustrados recursos de la seducción que no funcionan como se espera o como proclama la publicidad.

Y hay una historia, sin dudas. Los vestigios, ¿serán los del llanto?… Así parece al menos, en algunos poemas y en el motivo del corazón roto:

 

…podrían pasar/ por dos planetas desencontrados/ fácilmente/ por un par de bolitas de naftalina/ y lloran… “Identikit”

 

A las cinco en punto al ritmo del Big Ben/ desbordan por el enrojecido lagrimal/ del pobre animal/los siete mares del mundo… “Lágrimas de cocodrilo”

 

¿Por dónde andará tu corazón?/¿Falta mucho para que venga?… “Boceto cardiopático”.

 

Los resquicios son también lo no dicho, los desencuentros. En “Desamar”, por ejemplo:

… queda alguna esquirla aturdida/ de su perfume/ un destrozo en el aire a su voz…

 

Los desquicios son también paréntesis, juegos cuasi conceptistas u homenajes al que partió. A veces crecen alas en el poema;  otras, se quiebran.

Y, por si nos gana la tristeza, observamos al chimpancé de la tapa y su clamor de Más peligroso que mono con navaja, cómo no sonreír entonces.

Sin embargo, hay un rumor que corroe las sonrisas: Habrá de doler/ más de la cuenta este cielo… (“Poema aéreo”).

En fin, que brilla Gustavo Silva en esta breve muestra, nueva entrega de su arte, brilla y derrama colores,…aunque esta historia sea en blanco y negro… (“Preludio de primavera”)

 

Alba Murúa

 

Algunos poemas de Una mujer roja y un silbido a lo lejos:

 

DANA NUNCA PINTÓ LA LLUVIA

 

Dana nunca pintó la lluvia

desfilaron eso si

entre sus manos y ojos

una infinidad de animales

aleteos nocturnos de fiebre en furia

un variado tropel de luces

contra el submundo de la siesta

un arremolinarse de escaleras

y palabras fugitivas

hacia el hueco del viento

pero… nunca

nunca la lluvia

 

posiblemente alguna vez

a media luz en la certeza,

la audacia de un ángel

empapado hasta el alma y las alas

de precarias nostalgias de un cielo

 

pero la lluvia no entiende

esas cuestiones de posar sonriendo

nunca se queda quieta

repica y replica acariciando

y salpica provocando en vano

y nos sueña desbordada en llanto

 

por eso mismo Dana nunca retrató la lluvia

siempre volátil y compleja

en ese envejecer de a poco,

bajo la luz de la misma esquina

con su rezo en desabrazos y quebrantos

 

la misma lluvia

cantando pasajera

trastocando un recuerdo

la misma lluvia desafinando y desafiando

la misma lluvia en otra historia

imitando sin voz y vos

esa la sed que va desvaratando

descascarando

despintando la luz de un regreso

y ninguna lluvia

 

siempre una pincelada herida

contra un cielo caído por decorado

el patio de baldosas ciegas

y un vuelo en círculo de gorriones crucificados

lejos de luz y de voz en resucitar la tarde

 

por eso Dana nunca habrá de pintar la lluvia

a escondidas guarda para tiempos sin tiempo

y noches intransitables

un retazo de arcoiris

para zamarrear hasta hacer lloriquear

de brillos al sol.

 

 

ÚLTIMA

 

Voy a escribirte esta noche

amor mío

esta noche que será la última

los ojos cuarteados de naufragarte,

las palabras rabiosas por ser jauría

esta noche será la última

un malestar de palomas percutiendo en do sostenido

de observarte y maldiciendo que apenas seas bruma

y nada más que eso

bruma

insipida de nada ni trazo de recuerdo

esta noche será la última

quiero que me entiendas,

sera la última vez que te escribo

nadie se dará por enterado

asesinaremos todos los vestigios

invocaremos al fantasma y a la gárgola

esta noche será la ultima

si hasta las piedras pudren el aire

si hasta el cartílago de la estrella más lejana

peca de insomnio para que no haya otra noche

voy a escribirte esta noche

amor mío

de una vez por todas la última

guiarás mi mano y en salto mortal

acariciaremos la bestia

una palabra tuya

bastará para devorarnos.

 

 

TRINCHERA

 

El corcoveo de esas estrellas

en el cielo negro

puede ser un pecho

luminoso e iracundo

que flamea

 

una bandera

con jirones en borrasca

o simplemente

mi ojo tan estremecido

que aún sostiene

que la lucha sigue en pie

y sin tregua

 

y que yo

no me estoy muriendo,

no

 

apenas

pudriéndome de viejo

demasiado solo

y acribillado de sueños

que no se rinden

demasiado solo

en esta trinchera.

 

Gustavo Silva.

 

Gustavo Silva nació en Buenos Aires en 1960. Es diseñador gráfico. Durante el período 1977-1984 participó como coeditor de la publicaciones Cordón Umbilical, Merlina y Antimitomanía. Dibujó en diversas revistas alternativas de aquellos años.

Como poeta publicó: Papelespacio (1978), Reflejos Nocturnos (1981), El riesgo al infarto de miocardio debido a la prolongada contemplación de la lluvia (1995) y las plaquetas: Uh! (1996), Little red rooster Blues (1996), Un viejo, muy viejo colgado de una guirnalda (1997), Un agrio perfume a sirenas (1997), Crónicas del último cielo (1998), Pequeña antología de las peores serenatas (1999), Aquella mañana en que fusilaron a Mata Hari (2001).

En 2010 participó en la antología Poesía y Poetizar.

En 2012 publica el poemario Milonga triste o blues de la isla Maciel (79 poemas y un esperpento).

En 2020, Vestigios, resquicios y desquicios de una historia.

 

Para comunicarse con el autor:

https://www.facebook.com/gustavo.silva.946954

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Chascomús y después

Laguna de Chascomús
Fotografía: Simón Esain

 

Y sigo viajando. A mi manera, claro, ya que apenas fui hasta la esquina durante 2020 y lo que va de 2021.* De modo que me invento otras formas: en lugar de tren, ómnibus o aviones; sueños, recorridos virtuales y libros.
En este caso, me refiero a uno de los últimos poemarios de Simón Esain.* Y alguito que estuve escribiendo al respecto.

Yo no conozco a Simón más que por las redes. Nos vimos una sola vez fugazmente en el desaparecido Mordisquito* durante una de las ediciones del precioso ciclo de poesía “Al filo”, coordinado por Gabriela Yocco y Daniel Castelao. Lo sigo en Facebook porque me encanta ver los productos de su huerta y las maravillosas fotos que sube, muchas de atardeceres en la laguna. Tampoco conozco Chascomús*, donde Simón está radicado desde hace varias décadas (ya sé, ya sé, Murúa no conoce nada, estarán pensando. Y no están lejos de la verdad…)

Para mí, Chascomús era más o menos la mitad del interminable viaje en el Renault Gordini de mi padre en la infancia. Cuando la Ruta 2 era angosta y los fititos* entreabrían el motor con un palo de escoba porque recalentaban demasiado. Por ahí cerca tomé uno de los café con leche más ricos de mi vida, con medialunas recién hechas. Era, además, el campo y sus misterios. Pero mi corazón de niña añoraba el mar, aun antes de conocerlo, y mucho, muchísimo después. Así que Chascomús no me decía nada, sólo una parada, y a seguir el asombros viaje.

Cuando tenía poco más de veinte, volvió a sonar en mis oídos ese nombre: el nuevo presidente de Argentina provenía de allí. Nunca supe si era profeta en su tierra. Muchísimos años después tuve una compañera, una joven profesora de matemática, que había dejado su ciudad natal para forjarse una nueva vida. Sin embargo, un día regresó. Nunca le pregunté dónde había sido más feliz.

Me dicen que en Chascomús hay tanta mezquindad como en cualquier pueblo chico, aunque no lo sea. No puedo contarlo de primera mano. La mezquindad se da en todas partes, es lo que me parece a esta altura de la vida. Sólo sé que un poeta me pidió algo y no pude negarme (aunque me prometí no acceder con tanta facilidad a una labor que, aunque apasionante, es difícil y poco reconocida). Acerca de los prólogos, su hechura y sus hacedores, hablaré otro día.

Simplemente pasaba por aquí a decirles que leo y releo el libro de Simón. Y que siento que mi padre aún vive y reniega con el Renault, así que me bajo, atravieso el campo y quedo extasiada frente a la laguna viendo el atardecer.

 

*2020-2021, años de la pandemia de Covid19.
*Simón Esain, poeta nacido en Maipú (provincia de Buenos Aires) y que reside desde 1970 en Chascomús.
*Mordisquito: Bar cultural en Buenos Aires que -mientras estuvo abierto- congregó diversas manifestaciones, ciclos y artistas.
*Chascomús: ciudad argentina ubicada en el interior de la provincia de Buenos Aires, cabecera del partido homónimo.
*Fitito: diminutivo coloquial de un antiguo modelo de auto, el Fiat 600.

 

Laguna de Chascomús
Fotografía: Simón Esain
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LEER COMO UNA FORMA MÁS DE RESISTENCIA

 

 

Primer semestre de 2021, segundo año de pandemia

 

Inauguro una nueva sección en el blog. La de enumerar lecturas, ya sean libros físicos que por alguna razón no reseñé (o sí, pero en otros espacios)  tanto como libros en formato digital.

Y digo otra forma de resistencia, refiriéndome a la pandemia que asola el planeta desde el año pasado y que nos tiene a maltraer.  Los libros iluminan,  bien lo sabemos los lectores.

Desde que comenzó el año, he leído bastante, aunque podría haber sido más.  Parte de ese material me lo ha facilitado la queridísima Biblioteca de Haedo, de la que soy socia desde hace tiempo y en la que incluso he coordinado -junto al escritor moronense Fernando Vega- un taller de lectura.

Rescato títulos como El vino del estío de Ray Bradbury  (que tanto me había recomendado -y con justa razón- la querida María Sueldo Müller), El nervio óptico, una joyita de María Gainza, y la conmovedora El lugar del padre de Ángela Pradelli.

Comencé a leer  a Claudia Piñeiro y no puedo parar; hasta ahora: Las viudas de los jueves, Las maldiciones, Una suerte pequeña, Elena sabe, Un comunista en calzoncillos, Quién no y su renombrada Catedrales.

Otro autor que empecé a frecuentar fue a Martín Kohan. Las tres novelas que leí a esta hora se sacan chispas: la sugestiva Bahía Blanca, la estupenda Segundos afuera y la estremecedora Dos veces junio.

También me tocó el turno de leer a Marosa di Giorgio, su extraño y poético mundo. Hasta ahora tres títulos:  Rosa mística, Reina Amelia e Historial de las violetas.  No había conectado antes con Marosa, pero ahora tengo con su universo una relación entrañable. Aprovecho para recomendar, de paso, el precioso documental sobre su vida, El ruedo en flor de Juan Pablo Pedemonte.

Dos novelas duras e imprescindibles que me debía: Enero de Sara Gallardo y Las primas de Aurora Venturini.

En la Biblioteca del Ministerio de Educación, leí la sugestiva Kavanagh de Esther Cross y en la Biblioteca Nacional, los deliciosos relatos de Tres historias pringlenses de César Aira.

Guillermo Martínez me sigue encantando con su serie policial clásica ambientada en Oxford. En este caso, Los crímenes de Alicia, para aplaudir de pie.

Otra novela que disfruté enormemente fue Adiós Hemingway de Leonardo Padura.

Cristian Vitale escribió hace diez años su ópera prima:  De espaldas. Es una novela poética y bellísima que no ha envejecido un ápice. Esta reseña está en el blog, por cierto. Otra ópera prima reseñada inaugura, a su vez, un proyecto editorial independiente que alentamos: se trata de El elefante negro y el poemario Lo que cae entre la niebla de Fabián Chazarreta.

En poesía, además de picotear aquí y allá, y de lo que ya comenté, tuve la dicha de leer a Valeria Zurano. Insular es un poemario que no defrauda a quienes somos sus lectores asiduos.

Otro poemario que no he reseñado más que para Instagram pero que merece mención es Tundra de Gabriela Clara Pignataro, editado por Años Luz.

Y por hoy me despido aplaudiendo a la queridísima María Belén Aguirre y su obra premiada en 2020 por el Fondo Nacional de las Artes,  Siamesas.

Pueden leer aquí lo que escribí acerca de esta nouvelle poética. Y si prefieren que profundice mi comentario acerca de alguno de los títulos, escríbanme, estaré encantada de hacerlo.

 

https://devenir111.com/belen-aguirre/?fbclid=IwAR2tSxMm0uN7CuivNK77YP7awj4O5eJKD5aaG7fOw09TSgVh_xS0S3ovZoI

 

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Cuando la magdalena en el té nos transporta a un febrero persistente: De espaldas de Cristian Vitale

 

Cuando la magdalena en el té nos transporta a cierto pueblo en un febrero persistente: De espaldas de Cristian Vitale

 

por Alba Murúa

 

 

Cíclica y profundamente poética. Así resumiría la nouvelle de Cristian Vitale. El tema del tiempo en un pequeño pueblo y más, mucho más. Y claro, eso nos lleva inevitablemente a Proust.  Aunque también a Saer y a Borges, de quienes el autor –sospechamos- es lector minucioso.

 

Algunas lecturas llegan a nosotros diez años después. ¿Tarde? Podría ser en algunos casos, pero no en este. La novela de Vitale tiene el sabor de lo atemporal y podría convertirse en un clásico contemporáneo si su autor contase con un agente literario y una editorial de renombre. ¿Los necesita para reafirmar su alta calidad? De ningún modo. Esta lectora sólo lamenta que no haya más público que pueda disfrutarla.

 

 

El pueblo recuerda a otros de la literatura latinoamericana. A medio camino entre la Santa María de Onetti, Comala de Rulfo o Macondo de García Márquez.

Pero es Francisco Madero y, a la vez no, claro. Porque está transformado en un espacio de ficción que trasciende los límites del propio pueblo. No lo conocemos, pero dan ganas de ir allí y buscar el sabor de cada capítulo en sus calles enarenadas.  O esperar el tren que siempre tarda demasiado, embiste o pasa como un sueño.

El homenaje a Yupanqui es hondo y misterioso, se habla de la huella sin nombrarla, y de la música en el silencio. La contemplación se ahonda y dispara certezas metafísicas: Si no nos ven, ni nos oyen, desaparecemos.

Están también por supuesto, los secretos, lo prohibido. El quiebre de las normas rememorado en la transmutación que provoca el monte.

Hermosos los adjetivos y adverbios que homenajean a algunos de los preferidos del autor: borgeano,onettisando, cortazariano, rulfianamente, almafuertianamente.

De Cortázar recordamos el objeto enfocado y tranfigurado, las certezas, las falsedades de las tomas fotográficas. Y no sólo en su poética, sino en una extensa tradición de fotografías que roban el alma o capturan al fallecido, fotografías relacionados con lo recóndito, lo mágico.

En ese último capítulo, encontramos una reflexión acerca de los límites de la palabra:

“… además uno tiene siempre, cuando lo quiere contar, la horrible e impotente sensación de estar mintiendo, como si uno dijera, mirá ayer soñé con esto y esto pero en realidad no era esto y esto sino aquello y aquello y uno lo deja así pero se queda sabiendo que tampoco era aquello ni aquello sino otra maldita cosa, un eso, un otra cosa, quizá, que se escapa por todos lados, que nos queda grande diríamos, que se muere en las palabras, que nace en la noche del sueño y muere en la mañana de la palabra, y que ya empezamos a detestar porque es como si nos sacara la lengua, como si vivieran a pesar nuestro o a nuestra costa, sin que los podamos exteriorizar, o sí, pero a costa de un crimen, a costa de su muerte, qué se le va ser…”

 

Hay un arte en la evocación, el perfume eterno de la nostalgia. Lo que fue, lo que no, lo que quizás.

El tiempo es circular, no lineal. Y ello se reafirma en un perfecto final que sostiene el deleite hasta el último párrafo.

 

 

Cristian Vitale

 

Cristian Vitale es escritor, músico y docente. Nació en la ciudad de La Plata, el dieciséis de febrero de 1980. A los cuatro años se fue a vivir con su familia al oeste bonaerense, a la ciudad de Pehuajó, a veinte quilómetros del pueblo que recrea en su primer libro de cuentos, De espaldas (2010), al que fue obsesivamente cada fin de semana y cada verano. A los diecisiete volvió a La Plata para estudiar. Después de algunos intentos, ingresó a la carrera de Letras en la UNLP, de la cual egresó en 2006. En el 2008 sacó un disco con su dúo Luvina (Luvina), con canciones y arreglos propios, en voz y guitarra. Actualmente ejerce la docencia en colegios secundarios de la ciudad de La Plata y dicta talleres de lectura y escritura. A punto de salir está su libro de poemas en prosa, Canciones a la Virgen. Parte de su obra puede leerse además en su blog de poesía , cuento  ensayo, Al principio fue la Urgencia.

 

Más del autor en su blog:

http://alprincipiofuelaurgencia.blogspot.com/

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De comienzos venturosos: Lo que cae entre la niebla de Fabián Chazarreta

 

De comienzos venturosos: Lo que cae entre la niebla de Fabián Chazarreta

 

 

por Alba Murúa

 

Leer estos poemas y asentir. Claro que tenía que ser este el primer libro de El Elefante Negro.*  Y una entiende porqué a Omar* le complació tanto la poética del autor.

El maestro era bravo y muy poco de lo nuevo le gustaba, pero en estos versos ciertos motivos recurrentes dialogan con su poesía. Dos generaciones:  Fabián no fue exactamente su discípulo, pero hablaban un mismo lenguaje. Un lenguaje suburbano, de clase, pero también universal, un lenguaje puramente poético.

El medio centenar de poemas que componen Lo que cae entre la niebla están impregnados de una sensibilidad profunda, barrial y política, íntima y familiar.

En sus versos, el ser conurbano se codea con las raíces quechuas y una reconoce esa voz dolida de los miles de obreros que ha parido Buenos Aires –aunque vinieran de lejanos parajes- esos miles que son uno solo: el padre del yo poético, o mi propio padre. Claro, no puedo menos que sentirme identificada con tanta pérdida y tanta nostalgia. Están las despedidas;  también la herencia, unas pocas palabras que queman como brasas o unas cortinas que ondean en la noche.  Se suma la furia por los malos gobiernos y el lento desangrarse de las familias trabajadoras.

La resolución de la justa bronca se manifiesta en imágenes que vuelan o recurren al destello de la ironía.

Hay también pequeños homenajes a seres que lucharon por nuestros derechos y a algún ídolo del barrio. Sólo una cosa no hay. Es el olvido, diría Borges.

Y hay pan, el pan material y el simbólico, el que se compra con desmedido esfuerzo, el que se comparte, el que se termina demasiado pronto, el que se sufre y del que no quedan ni las migas.

 

En medio de la pena, pequeñas luces para alumbrar el camino: el flash de la cámara, los refucilos o el rayo, un sobrecito de brillantina y, por supuesto, las luciérnagas, la magia, el amor.

 

 

 

BANCO GALICIA 2002

 

Esas columnas

donde hoy se afirman

los jardines de la usura

alguna vez fueron mías

 

En ellas me froté

la espalda como un gato.

En ellas me eché

como un perro

después de la comida.

 

Entre ellas me hice amigo de los hombres.

 

Esos trozos de carbón en el cajero;

la ingeniería de los cascos

relojeando quien silba en los andamios;

la cal, como un buitre blanco

picoteando el carraspeo.

 

No les debo nada.

 

Llevan mi sangre

haciendo equilibrio

en la punta de un estribo

allí apunta la mano

invisible

que riega la plusválida semilla

 

allí crece la bronca

no el rencor

 

porque abrí una flor

cada vez que cerré el puño.

 

 

 

SI PUDIERA DARTE EL CORAZÓN

 

Antes de que el rocío toque el suelo,

antes de levantarnos a bajar la ropa

y salga esa estrella que siempre sale

del lado frío de la cama.

Si pudiera darte el corazón así:

Antes de la quema del vecino,

de la baba del diablo

flameando sobre el rayo

que fuga la argentata en la lavanda

si pudiera tender

el corazón para tu sí, para tu no.

Como una estrella en tu cabeza

antes de que el rocío

toque el suelo y lo cuelgues

en el jardín en noches oscuras.

 

FABIÁN CHAZARRETA

 

 

 

  • Omar Cao (1948-2019), poeta, editor y maestro de poetas, La Matanza, provincia de Buenos Aires, Argentina.
  • El Elefante Negro: editorial independiente (San Justo,  Buenos Aires), cuyo nombre representa un homenaje a Omar Cao, ya que hace referencia a unos versos de su autoría.

 

Fabián Chazarreta. Lo que cae entre la niebla. El Elefante Negro:  San Justo, 2020.  Prólogo de Eduardo Vardé.

 

Fabián Chazarreta

 

Orlando Fabián Chazarreta nació en San Miguel, Buenos Aires en 1981. Vive en La Reja, Moreno. Es docente de literatura. Autor de algunas canciones y poemas. En el año 2020, El Elefante Negro Ediciones editó «Lo que cae entre la niebla», su primer libro.

 

 

 

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