Cuando la distancia fue la prueba: 2020

Cuando la distancia fue la prueba: 2020

Resumen de un año inusitado

 

Un año sin abrazos, sin rondas de mates. Un año con muchas pérdidas. De cualquier modo, sé que para muchos ha sido infinitamente más duro. A ellos, mi abrazo solidario. 

 

Pero en este último artículo del año, quiero recordar algunas cosas lindas que nos inventamos entre todos para pasarla lo mejor posible. Hablo desde el ámbito del arte, de la literatura, de la poesía. 

 

Espero no olvidarme de nada ni nadie, ahí va una enumeración que me llena de genuino orgullo; lista desordenada, sepan disculpar. 

 

En Instagram estuve muy activa, lanzando desafíos de escritura y mini cursos en el feed. 

Me animé a refrescar mis talleres virtuales, dedicados ahora exclusivamente a poesía. Fue una experiencia hermosa que continuará durante 2021.

 

En dos escuelas, salí un poco del aula y participé en una coordinando un breve taller de poesía y, en la otra, me dejé entrevistar como escritora por alumnos y docentes. 

 

Participé con mi palabra poética de diversos encuentros virtuales a los que me invitaron, entre ellos: la presentación del último poemario de Ciela Asad. Ciclos:  Leyendo poesía en casa de Anamaría Mayol, Poesía en la pieza de Juan Cruz Romero y Fernando Ayala, Videoteca de Poesía de la Biblioteca Popular Carlos Gardel, Semana de la poesía de la Escuela Portal del Sol. 

 

Fui invitada a participar de dos eventos internacionales que me llenaron de satisfacción:   las Jornadas Virtuales de Arte y Territorio  y el Festival Internacional Tenopoesía (Chile).

Participé además de un homenaje colectivo a Olga Orozco para la Biblioteca Municipal de Morón.

Durante todo el año mis poemas salieron publicados en el blog Mis poetas contemporáneos de Gustavo Tisocco y en la querida revista cultural Devenir 111. En esta última también publiqué acerca de dos sendos y bellos poemarios: el de María Sueldo Müller y el de Jotaele Andrade. 

Y colaboré con una crónica del aislamiento en La Primera Vértebra. 

 

Presenté dos libros: Expulsada del Edén de María Sueldo Müller y Piel de Mariposas de Verónica González. 

 

Aparecimos algunas veces en la prensa local: gracias Diario NCO, 1 Digital y SIC.

 

Otra gran alegría: nuestros libros de la colección Alto Guiso de Leviatán fueron incluidos en la biblioteca virtual del programa Leer en Casa, del Ministerio de Educación de la Nación. 

 

Seguimos formándonos -entre otros- en un precioso curso impartido por Florencia Defelippe para la UNLAM.

 

Continuamos con la actividad del Club de Lectura Mujeres de Latinoamérica.

 

Y concretamos un sueño, nuestro propio ciclo de poesía, junto a las queridísimas Elizabeth Molver y María Sueldo Müller: La Dicha. 

 

Por último, en mi blog no fue demasiado -pero sí muy satisfactorio- lo subido. Aquí los títulos que pueden buscar:

 

Conurbano:  Nosotras en la cultura (acerca del Primer Encuentro de Mujeres Poetas en el Oeste) 

Por qué leer literatura

La novela contemporánea y la mujer protagonista I:

Angélica Gorodischer:  Las señoras de la calle Brenner 

Escribir en cuarentena

Giselle Aronson.  Como si de verdad 

Una pieza poética para ejecutantes virtuosos: Maratón dromedaria de Hernán Lasque

Un concurso de novela de Norma Píngaro y Juan Carlos Nahabedian

Piel de mariposas de Verónica González

Ciela Asad. El triunfo del jilguero, la belleza, el poema

 

¿Quedan pendientes?… ¡Claro!

Principalmente mis poemarios. Había prometido uno para diciembre, pero verá la luz en febrero.

¡Y mucho más!

Será cuestión de seguir trabajando. 

 

¡Feliz año nuevo para todos/as! <3

 

 

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Lanzamiento virtual del Taller Poderosas Poéticas

Lanzamiento virtual del Taller Poderosas Poéticas

 

por Alba Murúa

 

“Lea usted poesía todos los días. La poesía es buena porque ejercita músculos que se usan poco. Expande los sentidos y los mantiene en condiciones óptimas. Conserva la conciencia de la nariz, el ojo, la oreja, la lengua y la mano. Y, sobre todo, la poesía es metáfora o símil condensado. Como las flores de papel japonesas, a veces las metáforas se abren a formas gigantescas…”

 

Así dice Ray Bradbury en su precioso ensayo El zen en el arte de escribir.

 

Y en eso estamos. Desde que escuché de labios de mi madre las primeras rimas, desde que me cantó las primeras nanas. Desde que me enseñó a recitar poemillas para niños de García Lorca o Juana de Ibarborou. Desde que en la escuela descubrí la punta del ovillo de las infinitas posibilidades de la palabra poética y me transformé en una lectora voraz.

Desde que escribí el primer poema que recuerde, a los diez años, un poema para mi padre en que lo comparaba con un olmo (árbol que sólo había visto en sueños, al decir de Bachelard).*

 

Descubrí que la poesía iba más allá de la música (Serrat, Manzi, Spinetta, Heredia, por citar sólo algunos) y del verso: Juan Ramón Jiménez y su Platero y yo;  Saint Exupery y El principito; El cartero del rey de Tagore -una delicia que se deshacía en la boca al decirla-. Era un tiempos de maestras inquietas que me acercaban al coro hablado y a extensos poemas que recitaba sobre el escenario vestida según la ocasión de cada fecha patria. 

 

Luego, en la adolescencia, descubrí la poesía del barro y de la leña crepitando, de las estrellas y de las tormentas. Y el enamoramiento,  la emoción que arreciaba, dolorosa experiencia para una jovencita tímida siempre al borde del precipicio.

 

Todo se volvía poema. Y de tanto leer a Neruda, comencé a escribir una serie titulada “Odas a la lluvia”.  Informada de que demasiados habían tomado el mismo motivo lírico, la dejé. Sin ningún maestro como guía, había descubierto el peligro de la repetición y, después, de la metáfora muerta aunque eso me llevó algún tiempo más. Pero -como cualquier aprendiz- imitaba lo que leía y releía (a falta de poemarios repasaba una y otra vez , los que tenía) así fue que escribí sonetos aggiornados al estilo de Cien sonetos de amor. * 

 

Uno de ellos fue publicado en una revista literaria gracias a Julia, mi profesora de literatura de cuarto año, que apreciaba mi ímpetu. Todavía la evoco leyendo a Machado, a Bécquer, a García Lorca. Y hablándonos por primera vez en nuestra vida del Fondo Monetario Internacional. 

Recuerdo un blazer verde seco que hacía juego con sus ojos, su eterno cigarrillo, su desfachatez al sentarse sobre el escritorio, su ironía, su forma de sonreír. La perseguía por los pasillos, lo que demuestra cuánto necesitaba un maestro que no llegaba a mi vida ya que la sola idea de tener una hija poeta espantaba a mi padre, niño campesino devenido en obrero metalúrgico.

 

Ya había demasiados poetas en la familia, aunque era casi un secreto vergonzoso.  Sólo de vez en cuando uno de mis tíos me recitaba versos y me pasaba libros extraños subrepticiamente.  

 

Luego me puse a trabajar por encargo. Al enterarse mis compañeras de mis composiciones, me encargaban poemas para regalarles a sus novios. Les preguntaba cómo eran y por qué los amaban, escribía el poema a la carta y ellas se lo entregaban como si hubiesen sido las autoras. ¡Dichosa Cirano,* que sólo sufría por sus propios amores no correspondidos! A uno de estos chicos esquivos le escribí un poemario completo, que luego quemé o perdí, como tanto de aquel tiempo.

 

Rayando mis veinte descubrí la poesía erótica, también la que vivía en la prosa, en los grandes clásicos rusos, franceses y la poesía de los grandes autores de la ciencia ficción .

 

Luego llegó el profesorado, como un deslumbramiento que me recordó a cierto profesor de música que me presentó por primera vez a Bach y a Behttoven. 

 

Llegaron a mí organizadamente la amada generación del 27 española en pleno y las vanguardias de principios del siglo XX.  Aumentaron mis lecturas, pero entré en un ambiente docente -no tanto poético- así que, de algún modo seguí siendo autodidacta. Pasé también por una etapa dolorosa y oscura en que reprimí mi vocación, ya que leer a tantos grandes me hacía exclamar para qué,  para qué si hay dos poetas por cuadra solo en mi barrio, para qué si tantos grandes han escrito tan maravillosos poemas.

 

Pero claro, hay que leer poesía todos los días, abona las tierras áridas, desafía la lógica, despega el espíritu de la mediocridad en que amenaza hundirse, nos aleja de la televisión y de lo fútil, porque nada es más pleno, más eterno, más imprescindible más diáfano y difícil, más maravilloso. 

 

Pero -cuidado- si todos los días se consumen malos versos, esos que  copian, que pretenden ser los mejores pero son rimbombantes y melosos, una puede terminar seriamente dañada. Mejor abstenerse: mirar el cielo largamente,  escuchar los pájaros y cuidar el jardín, como decía Baldomero,* porque no se hallará la poesía en malos versos como no puede taparse el sol con las manos (¡vivan las metáforas muertas!)

 

Por eso, después de ver tanta página que se dice poética, tanto muro que chirría, decidí compartir mi experiencia y mis continuas lecturas de clásicos y contemporáneos.

 

¡Pongo en marcha el taller y los/as invito!

 

  • Gastón Bachelard. La poética de la ensoñación.
  • Pablo Neruda. Cien sonetos de amor.
  • Cyrano de Bergerac, poeta francés inmortalizado por la obra dramática de Edmond Rostand (1897).
  • Baldomero Fernandez Moreno (poeta argentino, 1886-1950): Quitar las hojas secas/ a mis plantas,/ tomar la pluma/ y escribir dos versos/ besar tus labios,/ sonreír al hijo…/ No tengo fuerzas para más,/ni quiero. (“Cansancio”).

 

 

¿Querés saber más sobre el taller?

Escribime:

Correo: albamurua@gmail.com

Instagram: @poderosaspoéticas

 

 

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Piel de mariposas de Verónica González

Portada del libro.

Piel de mariposas de Verónica González

 

por Alba Murúa

 

Verónica González.

 

Hace algunas semanas tuve la alegría de ser invitada a la presentación del primer poemario de Verónica González, Piel de mariposas.

Para la ocasión, estuvimos presentes, entre otros, la poeta, la autora del prólogo, Pipi Sbarra, y el responsable de la hermosa edición,  Hernán Vitenberg.

Aquí les dejo mis palabras y un poema del libro:

 

Me asomé al balcón y vi una mariposa blanca. Bajo un sol bellísimo y en pleno junio. Me pareció un muy buen augurio para la presentación de este nuevo libro.

 

Piel de mariposas, leemos. Nos llega así  el título del primer poemario de Verónica González y nos toca, leve.

Leve es el libro, aunque muchos de los poemas se refieran al dolor colectivo;  leve  y bello, perfecta combinación de letras y arte visual.

Bulbo Editorial -exquisitos editores artesanales- nos otorga un volumen físico cercano al libro álbum, al libro objeto. Diferentes calidades y tonos de papel y tres artistas visuales que combinan la fotografía con el esténcil y el diseño gráfico, logran una resultado hermoso para regalar o regalarse. Pero no vayan a creer que es sólo belleza: lo ideológico se funde en la imagen que acompaña perfectamente al poema.

Piel de mariposas. Inmediatamente nos asaltan dos imágenes:

La primera, la del tatuaje que recordamos en una foto de la autora. En su espalda. Una mariposa, claro. Nada de metáforas, literalmente una mariposa grabada en la piel. Sin embargo, no es el único tatuaje: Si nos fijamos con atención, encontramos otras declaraciones.

Un segundo tatuaje es la palabra Poesía, así con mayúscula. Y allí va Verónica con sus alas. Los que la conocemos sabemos bien que es una gran lectora de poesía, especialmente de los grandes latinoamericanos, sobre todo de nuestros grandes poetas argentinos comprometidos con el pueblo. Algunos desaparecidos, claro, durante la última y sangrienta dictadura militar. Esos desaparecidos –todos, no sólo los poetas- están en la dedicatoria, asoman en sus versos y en imágenes junto a otros y otras asesinados del pueblo.

Entonces llega el turno del tercer tatuaje: un pañuelo.

Dice Verónica en la dedicatoria: pañuelos blancos y verdes.

Pero nos referiremos especialmente hoy a los blancos: Madres y Abuelas de Plaza de Mayo sobrevuelan el poemario, sus hijos desaparecidos lo sobrevuelan, como en aquellas marchas multitudinarias  del 24 de marzo* en que ellas, las mariposas, hacían acto de presencia sobre los que caminábamos juntos.

Porque cierta leyenda cuenta que el espíritu de los guerreros más valientes y caídos en combate, vuelve en forma de mariposa. Y parece que también los que amamos pueden sobrevolar nuestra tristeza en esa forma.

Transmutación, metamorfosis, victoria.

Entonces queda claro: el espíritu de combate de la autora, puesto de manifiesto una y otra vez en sus letras y su quehacer cultural, se alza y concreta en estas alas.

Cuerpo y letra se corresponden amorosamente y no hacen falta las metáforas para que la poesía diga presente.

 

 

MOJA

 

No moja la lluvia
mojan los recuerdos,
la mirada indiferente,
el gesto anestesiado.

No moja la lluvia, no.
Moja el río de los pasos quietos,
la transparencia impune,
el agua de la villa.

Mojan los ciegos,
la Patria sin bandera,
los versos de Santoro,
los besos sin esquinas.

No moja la lluvia, no.
Moja la memoria,
Santiago y la desidia,
la trampa del olvido.

Mojan los cómplices,
la sangre en los bolsillos,
el silencio de todos,
las manos asesinas.

Verónica González. Piel de mariposas. Buenos Aires: Bulbo Editorial, 2020.

Verónica González.

 

Verónica González (Caba, 1977). Es Licenciada en Psicología.
Escribió los siguientes trabajos en presentados en Jornadas de Residentes en Salud Mental del Área Metropolitana. G.C.A.B.A., Secretaría de Salud,
Dirección de Capacitación.
“Crimen y castigo” (2007), obtuvo mención en el área clínica infanto-juvenil,
“La prisión oscura de la Libertad”, “Wally está en la web”, “Un amparo contra el olvido” (2009) mención en el área institucional, y “El acomodador” (2009)
mención en el área clínica infanto-juvenil.
Finalista del concurso de Gabriela Mistral “Poesía al amor” participando en la Antología Hispanoamericana Gabriela (2012)
Escribió el prologo del libro “Fósforos gemelos” del escritor Luis Duarte,
Editorial Nuevo hacer. (2014)
Finalista en la Antología de Poesía “Entrelazados”, de Tahiel Ediciones (2015).
Ganadora y finalista en la Antología, “Poemas de la resistencia”, Ediciones
Clara Beter (2016).
-Movimiento cultural y político barrial “Plaza abierta” desde diciembre de 2014-agosto 2016. Actividades culturales en espacios públicos: obras de teatro,
lectura de poemas, recitales, actividades infantiles. Talleres sobre violencia de género e institucional.

-“El balcón”, agrupación cultural, desde diciembre 2017 a diciembre 2019. El objetivo principal de este grupo de artistas, fue apostar al encuentro y a la ternura, en tiempos de redes sociales, a partir de diferentes eventos culturales.

 

Vídeo de la presentación del poemario:
https://www.youtube.com/watch?v=eqG0Yyuh4XM&t=130s

 

Contacto:

Para adquirir el libro comunicarse con: bulboeditorial@gmail.com

 

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Un concurso de novela de Norma Píngaro y Juan Carlos Nahabedian

 

Portada de la obra.

 

Un concurso de novela de Norma Píngaro y Juan Carlos Nahabedian

 

 

por Alba Murúa

 

 

Estamos ante una novela que se lee de un tirón, que atrapa y deleita.

Con prólogo de Alba Yaber y en plena pandemia 2020, nos la presentan sus autores.

Con los más conocidos recursos del género pero sin embargo, fresca y actual. Guiños y homenajes a Cristhie, Poe, Denevi, entre los que pudimos reconocer. 

 

Acertados intertextos, más la relación entre la lectura y los lectores, entre estos y los escritores. La formación en psicología de la  autora aporta hondura y verosimilitud a los personajes, sin que ello resulte  pesado ni indescifrable. 

La presentación clásica de los protagonistas no le quita méritos, cada uno es un punto perfectamente anclado, una delicia. Los raccontos son justos y precisos y otorgan hondura a la caracterización. 

El argumento nos presenta una editorial y sus recursos de marketing. Un concurso turbio por donde se lo mire. La curiosa selección – y personalidad- de los jurados. Y misterios varios, entre los que destacan un asesino serial de antología. 

Aunque la obra nos ofrece varios elementos del policial clásico con pinceladas del negro, también está repleta de ironía y, por momentos, de humor delirante e hiperbólico que nos recuerdan a Aira. No falta un cierto burlarse de uno mismo, muy acertado. Nos hemos reído en grande en varios pasajes y  eso en estos tiempos se agradece muchísimo.

Dos autores y un libro para no perderse. 

 

«… En la biblioteca poseía más de cinco mil libros, la mayoría en su idioma original. No eran meros adornos, los había leído todos, algunos más de una vez. Sin embargo, su lugar preferido era el taller de imprenta donde restauraba viejos ejemplares.
Ahí el tiempo transcurría sin angustia, trabajaba relajado
en perfecta comunión con los elementos que utilizaba, era diestro en el manejo de los diferentes artefactos. Distinta era la ansiedad que lo dominaba en el escritorio de la biblioteca cuando tecleaba alguna historia en la vieja Rémington. Ahí el tiempo era su enemigo y la urgencia por terminar un texto lo alteraba al punto de perder la calma y pedirle perdón a los fantasmas que lo asolaban. Nunca tuvo éxito como escritor,
él atribuía el fracaso a la cantidad creciente de gente que no leía, la mayoría impulsada por una tecnología absorbente. Mis perversos enemigos, solía pensar al referirse a ellos. «

Un concurso de novela (fragmento).

 

Los autores:

Norma Píngaro

 

Norma Píngaro

Nací en Buenos aires, me recibí de psicóloga en la UBA, hice un posgrado en psicoanálisis en el Htal Posadas. Soy especialista en Psicología clínica de adultos con orientación psicoanalítica, docente de posgrado y doy cursos virtuales para colegas.

Siempre me gustó leer. Me recuerdo en el patio de mi casa leyendo El cura de mi aldea, de Fernández Perez, María, de Jorge Isaac y tantas otras novelas.

Tenía nueve años y había fallecido mi abuela, mi segunda madre. La lectura me permitió refugiarme en un mundo imaginario que me quitaba el dolor. A los quince ya había leído a Rayuela, Papillón, a Sartre. Una lectura desordenada y poco metódica, hecha de oleadas de entusiasmo.

Publiqué varios libros, algunos de literatura, poesías, cuentos, algunas antologías, otros de psicoanálisis. Suelo escribir artículos también. Esta es mi primera novela.

Coordiné varios talleres literarios y fui correctora de varias publicaciones.

Mis autores favoritos son: Hebe Huart, Claudia Piñeiro, Gioconda Belli, Hakura Murakami, Liliana Heker y Julio Cortázar, entre otros.

Últimamente me interesa la temática feminista así como los ensayos filosóficos sobre la actualidad.

Contacto: normapingaro@hotmail.com.ar

Facebook: Norma Píngaro
Instagram: @normapingaro

 

Juan Carlos Nahabedian

 

Juan Carlos Nahabedian

 

Nací en Buenos Aires el 3 de marzo de 1947. 

Viví veintiocho años en Remedio de Escalada.

Cursé estudios universitarios en la UBA y me recibí de Ingeniero Electrónico.

Residí en Chubut (Comodoro Rivadavia), Tierra del Fuego (Rio Grande), Neuquén (Cutral Có), Santa Cruz (Cañadón Seco), Mendoza (Malargüe) y siete años en El Tigre, estado de Anzoátegui en el llano venezolano, contratado por una empresa americana.

Cuatro hijos y dos nietos a los que adoro.

Comencé a escribir cuando hice el servicio militar en Zapala a los veinte años, cuando el único contacto con los afectos eran las cartas. Al principio crónicas de mis actividades, luego se transformaron en algo más, cuentos, poesías y en cualquier cosa que subiera a mi cabeza.

Antes sólo era un muy buen lector, un devorador de libros, del tipo de no dormir hasta llegar al punto final. Creo que el récord por cantidad de hojas lo tengo con Dune de Frank Herbert.

Desde que tengo memoria leo. Una de mis tías cuenta que cuando era pequeño, tres o cuatro años, recitaba los textos de los carteles de propaganda que se cruzaban en mi camino. Yo creo que reconocía las imágenes y nombraba el producto.

Considero que para escribir primero hay que leer. Mis autores favoritos, Tolkien, Pessoa, Borges, Donoso, Hughes, Le Guin, Lovecraft, Márquez; variado. Aunque el libro que me hubiese gustado escribir es Flores para Algernón de Daniel Keyes.

Como autor publiqué antologías compartidas con otros autores. En soledad Antes que toque el suelo (2017)

Con Norma comparto, como autor, dos libros, uno de cuentos A la sombra de un Dios ausente y Un concurso de novela. Una vez gané un primer premio en un concurso de relatos exotéricos, con el cuento, El hombre sin nombre, creo que en 1997. La anécdota es que yo no lo mandé, lo hizo un amigo, casi un maestro, compañero del taller literario porque no lo entendió. Yo me enteré del concurso el día que anunciaron al ganador.

Como diría un famoso personaje animado: Esto es todo gente… Por ahora, agrego yo. 

Página: nahabedian.wordpress.com

Contacto: concursodenovela@gmail.com

 

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Una pieza poética para ejecutantes virtuosos: Maratón dromedaria de Hernán Lasque

Portada de la primera edición.

 

Una pieza poética para ejecutantes virtuosos: Maratón dromedaria de Hernán Lasque

por Alba Murúa

 

Hernán Lasque.

“¿Quizás el me importa un cuerno tu verso taxativo sea lo

implícito de la era?

Era hora que escriba y escribe:

¿Qué será esto visto desde el futuro cuando mi tiempo no sea

más mío aunque hoy mismo no lo sea?”

 

Hernán Lasque

 

 

 

 

Otra vez la música. La música y el poema íntimamente unidos, esa melodía. El ritmo poético o una cadencia que algunos sentimos en el pulso, en las tripas, ese escribir como respirar.

Los epígrafes nos hablan de esta música, del ritmo que puede escucharse mejor si realizamos una lectura completa. Este poemario es un pieza musical. ¿De cámara o una sinfonía?  Nos inclinamos por la última opción, aunque nos faltan conocimientos musicales para apreciarla en su totalidad.

Por cierto, el primer verso del primer poema inicia así:  “Canta pájaro indio tu secreto…” y, claro, evocamos de nuevo a Whitman en su Canto a mí mismo.

En ese primer poema, hacer y decir son una sola cosa. La invocación con su ritmo de tambores nos recuerda también a Nicolás Guillén.

 

En esa Arenga, entonces encontramos la evocación del gran vate estadounidense. Pero en el juego sintáctico,  reminiscencias de Lezama Lima. ¿Influencias? Sí, aceptadas. Pero ha tomado distancia el poeta. Su decir es único y eso siempre maravilla.

 

Más  dionisíaco que apolíneo, nos ofrece una profusión de imágenes, metáforas, alegorías,  claroscuros, neologismos, preguntas retóricas, sustantivos trocados en verbos que iluminan. Una efervescencia léxica en que el lirismo se combina con algunos poemas más narrativos de forma exquisita. 

Seguimos nuestra lectura tratando de desentrañar el enigmático título. ¿Acaso el poemario se estructura como una maratón? En todo caso, circular. 

Y vamos hacia el poema homónimo.  El centro de la obra que hoy nos convoca parecen ser estos dos poemas amorosos, Jam y Maratón dromedaria.  De un erotismo refinado al máximo, de una estremecedora belleza, única, extraña y, sin embargo, no.  Jam no es la zapada, es la hora, el instante atemporal del encuentro, la hora en que todo se detiene.

Están las pérdidas, claro, está la pena.

Pero está el goce que encarna y se recrea: “…en el sueño táctil/ sabrá nombrarte al calor del polisémico lenguaje…”

 

Y más. Leemos Álalun y nos preguntamos: ¿un poema onírico, surrealista quizás? Algo se nos escapa y resuena: animal que brilla y transmuta, el poema que huye, nirvana,  aleph… Una música lunar, una marea. Un poemario que termina y no. 

 

Hay un caballo que va y viene en estos versos. Hay un viento del sur que a veces es el chiflido de unos pulmones no del todo sanos. Hay un mar sin orillas. Hay construcción y mano de obra, la ruta y sus peligros, la meseta.

Y hay un camino interminable para seguir circulando:  el abrazo, el silencio, la palabra poética.

 

* Nota de la autora: Estos poemas no pueden reseñarse. Esto no es una reseña:  es un decir qué bueno poder leerlos;  o bien, gracias por la poesía de Hernán Lasque.

 

 

MARATÓN DROMEDARIA

 

Descabalgar de la voz cumplido su cometido de piedra
implicancia y cuerpo          pie de ornamenta
tronco
               proliferaciones en vena.

Sombrearás para ello cada forma
cuando la tarde se hunda
en los cuencos de la abeja
tres gotas
el vivo pez
de su ojera.

 

 

 

Crecen hacia una forma visible
un rumbo suave
horas que por destinación:
quietudes o
maneras que innovan premisas
y exhortan a la intimidad su elemento.

La cercanía es un extravío que maniobra escarmientos
o la conveniencia de la carne en las pupilas
luego de cada embate
que todo en su cada lugar
atender
cansancios y longitudes
a galope de la mañana viniendo
abnegada en sus predilecciones
yendo sobre la inmediación de los cuerpos
a las patas de un camello ígneo
sumido en minuciosa deflagración
el ébano de imposibles taraceas
en esa y no en otra
quietud
orbitar           y fundamentar
las bocas y escrutar
con la punta de la lengua cada pieza dentaria
agarrando a las muelas el lejano aullido recién llegado
en cadenciosa elegía
en la inédita entropía de dos cuerpos inéditos
dilatados en conclusión de sudores
horas trance
horas tren
viaje al centro ajustado de la trenza
en la convicción de haber
apenas
llegado hasta acá en copulaciones geométricas
expandidos en deleitación de combinaciones corpóreas
en la dilación de las clausuras anticipar cada pulsión
y proponer

mecánica de trenes imantados
sinergia de las curvas en peralte
unos sobre otros inclinados los libros de un estante

cipreses creciendo en el ascenso de tu nuca

en la clara de mi mano donde el sueño táctil

sabrá nombrarte al calor del polisémico lenguaje

las conspiraciones y anuencias
el ensamble de coronas dentadas
roldanas y poleas y toda la maquinaria verbal ceñida
a finalizaciones abiertas

partidas irreductibles

camellos maratonistas

tropilla de crines blancas y negras

caballos dorados y una fábrica de futuros

la caravana que duerme a nuestro lado
su maratón dromedaria
la caravana
camarada
la caravana.

 

Hernán Lasque. Maratón dromedaria. Buenos Aires: Leviatán, 2019.

 

 

Hernán Lasque

 

Hernán Lasque (1977) nació en Concordia, Entre Ríos, donde vivió hasta los 18 años. Desde el año 2004 se encuentra radicado en Plottier, ciudad ubicada a 17 km de Neuquèn Capital. Publicó los libros RATÓN BLANCO (Cuentos, ed. Colisión Libros, 2009), LIZETA (Relato, ed. Colisión Libros, 2010), LAMEN (Poesía, ed. Buenos Aires Poetry, 2017) y MARATÓN DROMEDARIA (Poesía, ed. Leviatán, 2020). Entre otras publicaciones se destacan la Antologìa de Autores de Concordia, publicada en 2017 por el Colectivo Autores de Concordia; y el Atlas de la Poesìa Argentina II, trabajo realizado por la Poeta y Profesora Eugenia Straccalli y el Prof. Bruno Crisorio, publicado por la editorial EDULP de la Universidad Nacional de La Plata, en el año 2019. 

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Ciela Asad. El triunfo del jilguero, la belleza, el poema

Arte de tapa: Dante Zaballa.

 

Ciela Asad. El triunfo del jilguero, la belleza, el poema

 

 

por Alba Murúa

 

Ciela Asad.

 

Un libro de poemas ha llegado a nosotros y nos encontramos ante un título que nos produce curiosidad. Título sorprendente y extremadamente poético pero que, al detenernos, nos provoca repulsión y angustia: un enorme y violento animal cortando la voz de un pequeño pájaro.

 

Para develar misterio semejante no queda más que leer y releer.

 

Las palabras introductorias de la misma autora,  intentan aclarar el enigma. Pero no nos atengamos por completo a las mismas. Ya sabemos que el quehacer poético es un asunto de claroscuros. Bien lo dice la poeta cuando nos advierte:

 

“…estás en territorio de humedales.” C.A.

 

Claro está que al repasar el índice, parece más claro el juego. Es la lidia, es su arena y  la sangre derramada de la que habla García Lorca –pero aceptada en este caso-. Es la superación del miedo al toro en la poética de Miguel Hernández. Es también una pieza perfectamente orquestada en que la victoria, al fin, canta gozosa.

 

“… Se encontró mujer donde rompen las olas. Hizo del miedo un asombro.” C.A.

 

Los recursos espaciales son importantes en este poemario, así como los fónicos, especialmente la aliteración que despliega todas sus posibilidades. Y se planta el sonido desde el comienzo en esos siete poemas que siguen las notas musicales.

 

En las siguientes partes se multiplican las referencias al universo musical: fusas, semifusas, arpegios, sostenidos, bemoles…

 

La última parte son letras de canciones. A simple vista, independiente de las  primeras, ya que el motivo principal ha desaparecido. El toro ha muerto, pero para quienes hemos visto a Ciela Asad en su faz de guionista, directora y actriz -por ejemplo en la estupenda pieza teatral “Belleza y escándalo”- el jilguero sigue cantando el dolor y el triunfo sobre la violencia.

 

 

Mientras escribía este artículo, escuché una charla de Ivonne Bordelois subida por la misma Ciela Asad a sus redes. Y allí encontré otra clave de este poemario. Dice Bordelois:

 

«… hay que darle a cada palabra el toque de queda necesario atrás de la palabra. Y ese es el silencio. Cada palabra tiene que estar respaldada por un espacio de silencio…” I.B.

 

Agregaremos entonces que, en estos poemas el silencio es un abanico de amplio espectro: musical, poético, escénico, simbólico. Se alude además a un silencio doloroso que es quebrado al fin por el canto del pájaro.

Precioso y justo el arte de tapa a cargo de Dante Zaballa.

Y para quienes quieran seguir desentrañando este libro, vayan también al prólogo de Roberto Cignoni.

Mejor aún: les recomiendo la relectura de estos poemas.

Y regalarlos. Especialmente a mujeres y a aficionados a la música y al vuelo. Como los pájaros.

 

 

 

barba azul sin lengua:

sentado el toro

en la garganta del jilguero

la mano en el hacha

y una luna de sacrificio

lleva el cadáver

como objeto de metáforas

la poeta se alimenta de su carne

bebe el caldo

y el viento

la convierte en grulla

la rabia con ojos de búho

desordena el cosmos

canta victoria

esta vez

a tiempo.

 

Ciela Asad. Un toro en la garganta del jilguero. Leviatán: Buenos Aires, 2020.

Ciela Asad.

 

Ciela Asad, «Obradora»

Su extensa y ecléctica formación pasó por la literatura, la pedagogía, la filosofía, la actuación, el canto y la danza.

Fue co-fundadora y coordinadora del área pedagógica del Living Teatro de Castelar. (Escuela de Formación de Actores y sala de teatro independiente, primera Casa Abierta de Castelar ) Años 1991 al 2000.

Desde el año 2000 al 2016, dirigió el colectivo poético teatral VUELOS

Fundadora en dicho espacio de la Biblioteca Popular Alba Correa Escandell.

Durante cinco años (hasta el 2019) llevó adelante el programa radial en la fm en tránsito de Castelar (primera radio cooperativa del país). Programa: “Vuelo al fin”, desde donde difundió poesía y poetas locales y latinoamericanos desde su columna “Mate con Hades”

Fue coordinadora junto a Susana Szwarc del taller «piedra que rueda no junta musgo» de teatro performático: poesía en acción, en la Biblioteca Nacional. Año: 2006

Estuvo a cargo de las cátedras de técnicas corporales de la Escuela de Formación actoral Pedro Escudero de la Municipalidad de Morón desde el año 2006 al 2012

Fue Coordinadora artística de la Biblioteca Municipal de Morón. Años 2012 al 2015

Desde los comienzos de su formación se dedicó a la investigación de la palabra poética en el cuerpo y los procesos creativos. Resultado de dicha investigación fueron las obras de teatro performático y libros: «Poesía puesta en la escena» (Libro Poesía, actuación, dirección), «las palabras del puente» (Libro de poesía, actuación dirección), «La transmutación de Magnolia» (dirección), “Anejir”, una llamada poético musical (performance) y actualmente «Arbor».

En el año 2014 estrena » Belleza y escándalo» (autora, actríz, directora general): espacio Pata de Ganso. Tadrón Teatro, sobre el siempre cambiante concepto de belleza. Sobre el abuso intrafamiliar. Sobre el diálogo reparador con el espíritu creativo. Actualmente nueva versión unipersonal con música original en vivo.

Espectáculo ganador del certamen Nuevas Tendencias organizado por Nación. Abrió el festival del mismo nombre en el Teatro Municipal de Morón. Noviembre 2017

Libros de poesía publicados: “poesía puesta en la escena” editorial hojas del caminador

“las palabras del puente” editorial Hojas del Caminador
«El ojo abre» libro de poemas editorial Araucaria

“Un toro en la garganta del jilguero” Editorial Leviatán

Libros de literatura infantil: “Los Grutynos”

“Los cuentos de la buena pipa”, editorial MB, año 2017, contratapa Adela Basch

Disco infantil: “Los chorlitos” (Disco más espectáculo poético plástico musical) junto a Claudio Turica

“Pañuelos en escena” editorial El Zócalo 2018 sobre la vida de Madres de Plaza de Mayo emblemáticas de la zona oeste. Presentado en la 44º Feria internacional del Libro de Bs.as. En la universidad de Morón, en la universidad de Quilmes, en la Casa de la Memoria y de la Vida, en Femoba, y en varios municipios. Junto a otros cinco autores: Guillermo Cácharo, Hernán Nemi, Stella Maris Castro, Jorge Abolio y Luis Saez.

Colaboró en revistas literarias: Otras Puertas. Incorporarte, Hojas del Caminador, Uno Mismo, entre otras. Fundó y llevó adelante junto a Dani Cuzzo la revista literaria infanto-juvenil “El barco que parte”

Participó de numerosos festivales nacionales e internacionales, entre los más importantes: invitada por la UNEAC, Cuba, al centenario del poeta Manuel Navarro Luna, como poeta y performer

Festival Perimetral en Uruguay. Como poeta, actriz y directora.

Encuentro Internacional Red Magdalena en Bs.As, Red de Mujeres en Arte

Festival Internacional EMTIJ. Chile. Como dramaturga y directora.

Dirigió más de veinte obras teatrales entre las que se destacan además de las mencionadas: «Para las próximas flores» sobre la vida de Josefina ( Pepa) de Noia, Madre de Plaza de Mayo línea fundadora.

En : Centro Cult. de la Cooperación, Teatro Municipal de Morón, Legislatura porteña, Ecunhi Festival Mujeres a escena. Ciudad de Tucumán.

«Cenizas-Uspha» co-creación argentino peruana, sobre los desaparecidos y víctimas de violencia en ambos países. Estrenada en Ayacucho y en Lima (Perú) y en Argentina en el ECUNHI, Galpón de Diablomundo, VUELOS, etc.

“The Shoes”, industria argentina de Cristina Merelle, en el Centro Cultural Haroldo Conti, Teatro de Morón, Caras y Caretas, etc.

“LOS UNITÁ” (Sainete al palo) sobre la violencia familiar y la inmigración italiana en la Argentina.

También formó y dirigió a un elenco infanto-juvenil con el que viajó a numerosos festivales por el país, Uruguay y Chile; «la comedia fantástica» y «los exploradores en busca de…», misma investigación en el ámbito infantil y estimulación a la lectura.

Creadora del método Kuvera, desenvolvimiento creativo para todas las personas.

Brinda capacitaciones y talleres online desde su Escuela itinerante de Bioescritura: “Escribir en el papel, en el cuerpo, en el espacio” “Hilar la palabra” donde brinda herramientas literarias, expresivas, corporales, vocales para la Narración Oral Creativa en institutos de formación docente y particulares.

Actualmente presenta ”Arbor” una llamada poético musical, textos y voz propios, la música original de Claudio Turica, y la participación en vivo del artista visual Matias de Brasi.

Coordina dos talleres en ADEF, Cultura: de LECTURA y “Ver para vernos” de apreciación de espectáculos, exposiciones, encuentros con artistas.

 

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Giselle Aronson. Como si de verdad

 

Portada de la obra.

 

Giselle Aronson.  Como si de verdad

 

Por Alba Murúa

 

 

Los tópicos de la poesía de Aronson son universales: el amor, el tiempo, la soledad, las pérdidas, pero también locales: los trenes, el conurbano, las injusticias de nuestra tierra. 

 

Estamos ante un poemario engañosamente sencillo que  puede leerse de un tirón. Sin embargo, vamos descubriendo sutiles sorpresas mediante las relecturas.

 

Lo social no podía faltar. Muchas/os recordamos ese poema* de Aronson que se viralizó ante la desaparición de Santiago Maldonado en 2017.*

 

Esta inquietud de la autora asoma en Paráfrasis y homenaje a Santoro, Angustia consciente colectiva (p.46), Ellas (p.72), A un niño (p.68), Condena (p.26).

 

Tampoco podían faltar poemas fruto de una extensa militancia: Yo decido (p.15), y Llevamos siglos… (p. 82), entre otros.

 

El ser mujer, y aún más, ser mujer a la que le pasan los años, también asoma en dos textos contundentes: Madurez (p.44) y Gruesas… (p.58). 

La contundencia se renueva en sus metapoemas.

Pero sin dudas es en lo cotidiano donde su poética se vuelve íntima y metafísica: su trabajo como fonoaudióloga –Silencio (p.11)- y una mención especial a los últimos cinco poemas, digno broche de esta edición de autor que tanto agradecemos. 

 

 

 

  • El poema -sin título- fue compilado en: Hay palabras alrededor de este cuerpo

#Poemas Por Santiago Maldonado,compilado por Juan Carrá y Gabriela Larralde. Colección Fuera de Serie. Rama Dorada Casa Editora- Subpoesía- Mi Gesto Pank. Buenos Aires, 2017.

 

Puede descargarse gratuitamente:

http://www.nodalcultura.am/wp-content/uploads/2017/11/Hay-palabras-alrededor-de-este-cuerpo-ilovepdf-compressed.pdf

 

  • Santiago Maldonado (1989-2017). Militante que, defendiendo a los mapuches de la represión, fue víctima de desaparición durante setenta y siete días al cabo de los cuales se produjo el hallazgo de su cuerpo en el Río Chubut (Argentina)

 

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SILENCIO

 

Este niño
que tengo enfrente
que me mira,
que no habla
no quiere,
no puede
no sabe,
que dicen que no habla;
este niño
me demanda lenguaje
justo a mí
que lo que quiero
es quedarme muda.

 

En: Giselle Aronson. Como si de verdad. Haedo, 2020.

 

Giselle Aronson.

 

Giselle Aronson. Escritora, Lic. en fonoaudiología, docente y gestora cultural.
Coordina el ciclo literario “Crudo”, lleva adelante “Justo”, un espacio de actividades culturales y organiza talleres literarios en Haedo, Buenos Aires.
Libros: Cuentos para no matar y otros más inofensivos (Macedonia Ediciones, 2011), Poleas (Textos Intrusos, 2013), Dos (Milena Caserola, 2014), Sin ir más lejos (Macedonia Ediciones, 2014), Orden del vértigo (El 8vo Loco, 2014) , Lo que no se sabe (Modesto Rimba, 2016), En el hueco que queda (Halley Ediciones, 2018), Modos de buscar refugio (Halley Ediciones, 2019) y Como si de verdad (2020)

Co-autora de Ocho motivos para volver, un álbum de poesía y música junto a Pilo García.

 

 

Más acerca de la autora en sus redes: 

Facebook: Giselle Aronson

Instagram: @giaronson

 

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Escribir en cuarentena

 

Fotografía propia, evocación de escritura junto al mar.

 

Escribir en cuarentena

 

Me puse a pensar en este tema porque converso con escritores amigos y es una constante el bloqueo debido mayormente la angustia de estar en esta situación (hablamos de la extensa cuarentena a raíz de la pandemia que estamos atravesando en 2020).

No es lo que me ocurre. Escribo a pedido -como mi colaboración en La Primera Vértebra, gracias a Teresa Orbegoso, o mi nuevo aporte a la excelente publicación Devenir 111- y también por las mías, artículos como este, un diario para legarle a mis nietos, poemas sueltos o a propósito de un excelente taller virtual al que estuve asistiendo gracias al programa de lenguas de la UNSAM y a Florencia Defelippe, mails y documentos para mis alumnos, posteos en las redes.

Algunos han retomado la escritura gracias a mi taller gratuito en Instagram. Eso me hace feliz. Y me incita a seguir creando: organizar mis libros inéditos, lanzar un nuevo taller, escribir para mis trayectos de lectura.

Entiendo los bloqueos, claro. También los he tenido en otros tiempos. Hace unos días, al ser invitada a la presentación del poemario de Ciela Asad, Un toro en la garganta del jilguero (Leviatán, 2020), recordé por ejemplo lo que me ayudó hace algunos años un breve taller con Susana Szwarc que, gracias a su sutileza y oficio, me impulsó a seguir con mi propio camino en la escritura.

Son tiempos difíciles, qué duda cabe. Quizás escribir es lo único que podemos hacer algunos de nosotros para atravesar la incertidumbre. Y para quienes quieran, pero no sepan cómo, siempre quedan los libros, que nos habitan y nos dan nuevas ideas si estas no surgieran por otros medios.

En unos días estaremos de nuevo (juntos, a la distancia) algunos compañeros para rememorar un hito en la literatura del oeste del conurbano:  Alto Guiso. Poesía matancera contemporánea (Leviatán, 2017).

Será un encuentro de poesía dentro del marco de un excelente congreso virtual. Aprovecho para invitarlos. Quizás escuchar a tan diferentes poetas, les de nueva inspiración. Ojalá así sea.

 

Nota en el diario Clarín, a raíz de la primera edición de Alto Guiso en 2017.

 

https://e-verba.org/arte/?fbclid=IwAR3OaSBa0ewtKTa35EwV-uTG7PKJfiuNA7fm7GJZdsf1ZqG7lYglJzCDRUo

http://laprimeravertebra.com/cronica-de-niebla-por-alba-murua/

https://devenir111.com/alba-murua-me-he-puesto-a-hacer-bunuelos/

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La novela contemporánea y la mujer protagonista I

 

Portada de la obra.

La novela contemporánea y la mujer protagonista I:

Angélica Gorodischer:  Las señoras de la calle Brenner

 

Una novela que se devela poco a poco, como la obra de arte pintada detrás de un cuadro mediocre. Es lo que nos ofrece la estupenda escritora argentina Angélica Gorodischer* en Las señoras de la calle Brenner.

 

Nos encontramos ante un comienzo de devastación, de devastación tan extensa y profunda que abarca lo físico, lo emocional y lo mental -la memoria, la identidad-.

 

Y ante esa destrucción se elige vivir, vivir en ruinas/en las ruinas es construir un vínculo elemental: el del cuidado, en especial el del cuidado madre-hija, hija-madre. y para construir ese vínculo es suficiente con un par de datos: ser mujeres, tener una disparidad generacional, haber sufrido lo mismo, nacer nuevamente en todo el sentido de la palabra, surgir de la oscuridad junto a la otra. Porque todo nacimiento -nos guste o no- nos encontrará junto a una progenitora.

 

Y por ese vínculo se hace lo que sea: cierto rito iniciático de la virgen que se ofrece en la piedra sagrada del sacrificio -sagrado es el propósito, por lo tanto es sagrada la inmolación- nos recuerda a Ema Zunz, el famoso cuento de Borges, porque no ha de ofrecerse al desconocido, al repulsivo cliente, ninguna belleza prístina, ninguna esperanza.

Entonces, por propia voluntad la esperanza se escurre por el sanitario para quedar resguardada solamente en la figura de la madre, en su protección que está más allá de toda vergüenza, de toda pena, de todo ultraje, de toda maledicencia.

 

El arreglo femenino está plagado también de símbolos: así, el cabello, el vestido, el maquillaje para trabajar. Otro modo que la señala como quien de verdad es: una criatura desamparada que se transforma, pues busca reconstruir su hogar con lo poquísimo que le queda: su madre, su cuerpo, su inteligencia. 

 

El arte, la pintura dan un respiro al duro camino de nuestra heroína: las acuarelas de Turner y el artista ignoto, Félix Ziem.

 

Y en el último capítulo la explicación de la verdadera novela moderna, la novela actual, magistralmente sintetizada por Gorodischer.

 

Buena literatura, muy recomendable.

La autora.
Fotografía tomada del blog Eterna Cadencia.

 

* Angélica Beatriz del Rosario Arcal de Gorodischer (Buenos Aires, 28 de julio de 1928) es una escritora argentina, considerada una de las tres voces femeninas más importantes dentro de la ciencia ficción en Iberoamérica, aunque también ha escrito excelentes textos policiales y realistas, como en la novela que hoy comentamos.

 

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¿Por qué leer literatura?

Tarde de lectura junto a la poeta Elizabeth Molver.
Fotografía: Alberto Oris

 

 

¿Por qué leer literatura?

 

por Alba Murúa

 

Primero, porque la lectura es una de las actividades humanas que nos constituye, porque si hemos sido alfabetizados tenemos una deuda con el resto de la humanidad : leer si aprendimos a hacerlo, también escribir. 

 

Mientras seamos parte de un sector privilegiado -los que tuvimos educación formal- hemos de honrarla.

 

Una actividad que nos eleva y constituye, la literatura, es una rama del arte en que el símbolo predomina, nuestro material es plenamente simbólico, así lo han desarrollado y lo analizan esos estudiosos llamados lingüistas: si escribo agua no es el agua ni en su más mínimo átomo. El agua que refresca mi pensamiento, que cae como lluvia que constituye las infinitas olas marinas no es el agua en sí, es una construcción de mi contacto con ese precioso elemento desde mi más tierna infancia (y antes probablemente).

 

Y además, el texto literario toma la palabra agua y la resignifica, la transforma en algo nuevo: el agua de los días se escurre inexorable.

 

Una rama del arte en que la combinación de símbolos da resultados asombrosos, más o menos difíciles de desentrañar. Está el símbolo y está la palabra y su fonética, lo que da posibilidades rítmicas inesperadas.

 

El canto de los siglos se mece en las largas tiradas de versos, somos hijos de la épica, esas extensas historias contadas rítmicamente para embellecerlas y, sobre todo, para memorizarlas.

 

En tiempos de Internet, la épica resulta inútil. Hoy predomina el hipertexto y, olvidemos lo que olvidemos, el gran mundo virtual parece siempre haber guardado la respuesta.

 

Y sin embargo: ¿por qué un infante al que se ha preservado durante sus primeros años de un exceso de pantallas (en especial, las interactivas), disfruta tanto de las nanas, las rimas, los trabalenguas y los cuentos? 

 

Para pensarlo e intentar cuidar y cultivar esa porción de fantasía inconmensurable: el juego con las palabras. 

 

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